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El bordado por el que crucé la Sierra de Hidalgo con mi bebé

Si existe un bordado en México por el que me atreví a cruzar conduciendo en la estación de lluvias con mi bebé sierras a más de 2500 metros de altitud, ese bordado es el tenango.

¿Qué es un tenango?

El Tenango es un tipo de bordado que se realiza en las montañas de la Sierra de Hidalgo, situada a menos de 3 horas de Ciudad De México.

Bordado Tenango
Bordado Tenango sobre cojín

Por sus formas, colores, pericia y virtuosismo, el tenango es el bordado más característico y con más repercusión mediática de todo Mexico, con perdón del realizado en San Andrés de Larrainzar, Chiapas.

Este bordado representa la cosmovisión del pueblo  Otomí-Tepehua. Una perfecta representación de animales, naturaleza y seres humanos.

Los motivos que se reflejan en estos bordados son, desde bodas, hasta fiestas culturales, carnaval, día de muertos, siembra y la petición del agua al cerro, en la que los adultos vestían de blanco a los niños y los llevaban al cerro para pedir lluvias en la próxima cosecha.

Se suele tejer sobre un lienzo de algodón o lino en color crudo (denominado manta) aunque con los años se está empezando a innovar con colores de fondo, como el rosa y el negro.

Debemos tener en cuenta que una gran parte de estas mujeres eran analfabetas y estos tejidos les servía como modo de expresión y preservación de su conocimiento. Tanto es así que en el Museo de Antropología de Ciudad de México, uno de los más importantes del país, encontramos un Tenango muy antiguo que nos dio mucha información.

Antiguamente sólo se bordaba en 2 colores, negro y rojo, que significaba el equilibrio entre el bien y el mal. Por suerte  a día de hoy se borda en una infinidad de colores, más de los que yo podría imaginar.

Esta decoración sólo era utilizada para embellecer la ropa o algún curioso pañuelo de tela, que por desgracia en nuestra sociedad cayeron en desuso. Se cuenta que fué en una hambruna por la década de los 60, en la que perdieron sus cosechas, cuando se vieron en la obligación de salir adelante con lo que mejor sabían hacer, que era bordar. Anteriormente los bordados nunca habían salido de las fronteras de sus comunidades.

Todos los tenangos son diferentes, ni la misma persona realiza dos que sean iguales, así que se podría decir que todas son piezas únicas e irrepetibles.

Cuando investigué hace más de tres años a cerca de los Tenangos, un programa de cartografía me llevó en unos 3 segundos a un lugar perdido en unas montañas de Hidalgo y mostraba unas señoras que, casi ciegas de tanto afinar con la aguja, contaban su historia a través de bordados. Guau, es lo uno que emitieron mis labios. Era un sitio al que quería llegar y donde debía encontrar a esas mujeres.

En ese momento no podía imaginar que pocos años más tarde estaría allí y me abrirían las puertas de sus casas.

La aventura de encontrar los tenango

Llegar a Tenango de Doria, lugar donde en un principio parece que se fraguó este tipo de costura, no es nada fácil. Como escribí anteriormente este pueblo se encuentra a menos de tres horas de la capital del país. Está en la dirección que se toma para ir a la ciudad prehispánica de Teotihuacan, donde se puede ver la pirámide del sol y la de la luna.

Pero pasadas dos horas de esa carretera relativamente cómoda, comenzaron las subidas a las montañas, las curvas y los nichitos con flores de los fallecidos en los precipicios.

Con un bebé de menos de año y medio, eso no es sólo una aventura, es un chiste de mal gusto, porque siempre me gustaron las historias al límite, pero nunca las alturas y menos con un bebé que no para de vomitar del mareo. Justo cuando yo estaba a punto de hacer lo mismo, llegamos a Tenango. Era increíble bajarse del coche y ver la belleza del paraje entre montañas, ya con esa vista había compensado el viaje.

Habíamos leído poco antes de este trayecto que el pueblo originario del Tenango en realidad no era Tenango de Doria sino un lugar, 5 kilómetros subiendo aún más la montaña, llamado El Cirio. Este lugar comprende un par de pueblos pequeñitos que son San Nicolás y San Pablo.

Puedo asegurar que el Cirio es uno de los lugares más bellos que han visto mis ojos, un corte en la montaña que ha creado una especie de vela o cirio, de ahí su nombre, y que está culminado con una cruz.

Dicen que es allí el lugar donde se encuentran unas pinturas rupestres que inspiraron los primeros dibujos de tenangos y la verdad es que el lugar esconde magia por donde mires.

Nos íbamos a quedar tan sólo 3 días, pero los bordados cada vez eran más complejos y cuantos más veía más capaz me sentía de distinguir cuáles estaban mejor hechos. Nos levantábamos a las 5:30 de la mañana y bajábamos a los mercados. Sobre las 6h es la hora a la que las mujeres de las montañas bajan en los autobuses a vender sus bordados a los puestos de los mercados. Estos mismos bordados los intermediarios intentarían revendernos miles de pesos más caros. Así que madrugar era el único modo de evitar los intermediarios y hablar directamente con las creadoras de los tapetes.

 

 

La verdad es que aunque estábamos agotados era una satisfacción poder vivir todo aquello.

Los mercados era una fuente incesante de ideas, de colores, con todos los degradados posibles y mi corazón y mi vista querían grabar todo aquello.

Ir a San Nicolás, hablar con esas fuentes de conocimiento, ver esas mujeres que normalmente están mal pagadas y que consiguen con sus dedos, sin ninguna pretensión más que poder comer, crear algo tan bello, me hacía darme cuenta que no sólo estaba buscando historias (sin invadir por supuesto) sino que estaba reescribiendo la nuestra.

 

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